A través de Europa en busca del mar
Planear un viaje, con todos los pormenores que este acarrea, que van desde conocer con que agencia de viajes se va a contar para llegar y conocer lo mejor del sitio al que se va, hasta tener la seguridad de dejar a la mascota en un lugar seguro mientras se está ausente en la ciudad en la que uno reside, pasando por empacar todo lo necesario; o en todo caso salir a un viaje de última hora, por una emergencia familiar, o una necesidad de trabajo, suele ocurrir, y aquellos que no están a acostumbrados a cambiar de ciudad, ni siquiera a salir de la que viven, podrían tener un poco de temor al momento de realizar un vieja que les demande, subirse en un avión, en un autobús, conducir uno mismo por la carretera o, aunque sea menos común, ir por el mar a través de un barco.
Son muchas las personas que al llegar las vacaciones se encaminan a dejar su infernal ciudad (vacaciones es sinónimo de verano, que a su vez es sinónimo de un sol castigador) y cambiarlas por las amables aguas de una playa con su fresca brisa junto a la orilla que serena, aunque sea por unos momentos las incalmables olas de calor que hoy, por efecto del calentamiento global, son más intensas y largas que años atrás. Esto es más común sobre todo en Europa (tanto las olas de calor, como el viajar fuera de la ciudad), donde las personas una vez que llega la época de veranear, guardan todas sus cosas y sólo se llevan consigo lo necesario para atravesar la mitad del país, o incluso cruzar fronteras hacia un paraje paradisíaco que asegure calma, reposo, frescura y sobre todo olvido del tedio y monotonía de la ciudad.
Y es que en Europa, donde las grandes ciudades están también en el interior de los países y no sólo en su ribera, se hace necesario un breve lapso que desencante esas largas jornadas de trabajo o estudio para dar paso a un periodo de recomposición de fuerzas, para poder aguantar hasta el próximo año un verano más.
Es común, por eso en los meses en los que empieza la temporada, notar la impaciencia del tráfico en las carreteras, mientras que todos (los que no han contado con el suficiente dinero para costear un pasaje en cualquier transporte, y han planeado un viaje barato) desean desaparecer a los demás autos y ser los únicos que van por la carretera, convirtiéndose en un deseo mutuo entre los conductores, que se asfixian dentro del auto lleno con la familia.
Y cuando más se alejan de la ciudad estas personas maravilladas por la playa, los pocos que quedan aprovechan para tener más espacio en la ciudad pues la mayoría los ha dejado para sumarse a los veraneantes que migran fuera de la ciudad. Así, al compás de las olas, unos disfrutan de lo que significa su merecido descanso, pero sobre todo el olvido de la selva de cemento y metal