Obreros del teclado
Se afirma que la enseñanza, a través de la tecnología, puede ayudar en la educación. Muchos gobiernos están convencidos de ello y por eso creen que es la solución de los problemas. Incluso crean programas de educación mediante las bondades de la computadora. La idea en el fondo no es mala. Lo malo está en la forma.
Y es que se corre el riesgo de generar la idea de que basta con conectarse a una computadora para tener información. Pues se puede olvidar que hay que saber leer e interpretar dicha información, porque de lo contrario se puede crear obreros del teclado y no del conocimiento.
Si pensamos que la educación debe destruir barreras para acercar más a los seres humanos, también debemos aceptar que no debe crear un problema más. Y el mal uso de la tecnología puede serlo. El niño tiene que ejercitarse a pensar y no que la computadora lo haga por él. Tiene que aprender de sus errores y no que el ordenador le dé soluciones exactas.
Tengamos en cuenta que la computadora no comunica, sólo procesa información. Por ello no se puede dejar que los seres humanos renuncien al puro pensamiento y se basen en los conceptos visual y lineal de un mundo bastante complejo. Entonces queda claro que la enseñanza se debe complementar con las nuevas tecnologías, pero no sostenerse exclusivamente en ellas. Los teclados no dan enseñanza de vida, sino la vida misma es la que nos da la experiencia y el conocimiento, aunque no todo tiene por qué ser entretenido ni grato.
Una de estas experiencias de usar tecnología en la educación se dio en Perú, durante el gobierno del presidente Alejandro Toledo, entre 2001 y 2006. Lanzó el Plan Huascarán, el cual consistía en dotar de computadoras a todos los colegios públicos del país. La finalidad era que los alumnos tuvieron acceso a la información y la cultura, así estén en una provincia lejana, para fomentar la integración y reforzar la educación.
El problema estaba en la forma. Y es que nunca alcanzó la dotación de computadoras a todos los colegios. Sólo algunos fueron los beneficiados. Pero este beneficio traía consigo un nuevo problema. En algunos colegios, sobre todo en provincia, no había profesor para enseñar a usar los equipos. Es más, si bien varios colegios recibieron computadoras y contaban con profesores, no tenían el servicio de internet.
Los colegios de ciudades pobres fueron los más afectados, ya que no podían acceder al Plan Huascarán debido a una injusta razón: no había energía eléctrica en la comunidad. Entonces, en estos lugares las computadoras no tenían lugar, así como no tenían lugar los sueños de aquellos niños que hacían de su ilusión una esperanza. El plan fue calificado de populista porque no cumplió con las expectativas. Es decir, estuvo lejos de satisfacer la necesidad para el cual fue creado. Fue un experimento más con la educación.
Hay mucha información de educación. Muchos estudios y abundantes programas basados en el uso de la tecnología. Sin embargo, lo importante es hacer de la tecnología -en este caso las computadoras- un instrumento que canalice información pero no que sea la abanderada en la educación. El alumno debe usar su raciocinio como proceso del conocimiento y no ser un simple obrero del teclado.

